26 de septiembre de 2016

¿Es malo ser homosexual?



“Al ir creciendo, una de las cosas que más me costó fue que me sentía atraído por otros chicos. Creía que sería solo una fase, pero no me he podido librar de esos sentimientos” (David, 23 años).

David es cristiano y quiere obedecer a Dios. ¿Puede alguien como él cumplir con lo que Dios le pide? ¿Qué piensa Dios sobre la homosexualidad?

¿Qué dice la Biblia?

Lo que la gente piensa acerca de la homosexualidad cambia según la época y las costumbres locales. Pero los cristianos no seguimos a ciegas a la mayoría. No queremos ser “llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza”, como dice Efesios 4:14. La opinión que tenemos acerca de la homosexualidad, y de cualquier otra práctica, se basa en lo que enseña la Biblia.

La Biblia es muy clara cuando habla de las prácticas homosexuales. Veamos lo que dice.

“No debes acostarte con un varón igual a como te acuestas con una mujer” (Levítico 18:22).

“En conformidad con los deseos de sus corazones, [...] Dios los entregó a apetitos sexuales vergonzosos, porque sus hembras cambiaron el uso natural de sí mismas a uno que es contrario a la naturaleza” (Romanos 1:24, 26).

“No se extravíen [o engañen]. Ni fornicadores, ni idólatras, ni adúlteros, ni hombres que se tienen para propósitos contranaturales, ni hombres que se acuestan con hombres, ni ladrones, ni personas dominadas por la avidez, ni borrachos, ni injuriadores, ni los que practican extorsión heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9, 10).

En realidad, las normas de Dios son para todos. Sea cual sea la inclinación sexual de cada uno, todos tenemos que controlarnos para no dejar que los impulsos nos lleven a hacer algo que desagrade a Dios (Colosenses 3:5).

¿Significa eso que...?

¿Significa eso que la Biblia promueve la homofobia?

No. De hecho, la Biblia nos enseña que no debemos odiar a nadie. Es más, nos anima a que busquemos “la paz con todos”, sin importar el estilo de vida que lleven (Hebreos 12:14). Por lo tanto, burlarse, perseguir o maltratar de cualquier manera a los homosexuales está mal.

¿Significa eso que los cristianos debemos ir en contra de las leyes que permiten el matrimonio gay?

Según la Biblia, Dios solo aprueba los matrimonios entre un hombre y una mujer (Mateo 19:4-6). Sin embargo, los cristianos no estamos ni a favor ni en contra de las leyes relacionadas con el matrimonio homosexual. Adoptar o no una ley a favor de los homosexuales es en realidad un asunto político. Y la Biblia dice que no nos involucremos en cuestiones políticas (Juan 18:36).

 Pero ¿y si...?

Pero ¿y si alguien ya practica la homosexualidad? ¿Puede cambiar esa persona?

Sí, puede cambiar. De hecho, la Biblia dice que algunas personas del primer siglo lo hicieron. En su carta a los Corintios el apóstol Pablo deja claro que los que practican la homosexualidad no heredarán el Reino de Dios, y luego añade: “Eso era lo que algunos de ustedes eran” (1 Corintios 6:11).

¿Significa eso que aquellos que dejaron de practicar la homosexualidad nunca más se sintieron atraídos por ese estilo de vida? No. La Palabra de Dios dice: “Vístanse de la nueva personalidad, que mediante conocimiento exacto va haciéndose nueva” (Colosenses 3:10). Así es, cambiar la personalidad es un proceso continuo.

Pero ¿y si alguien que quiere seguir las normas divinas sigue teniendo impulsos homosexuales?

Como con cualquier otro deseo, la persona puede decidir si va a alimentar esos impulsos o dejarse dominar por ellos. ¿Y cómo se controlan? La Biblia responde: “Sigan andando por espíritu y no llevarán a cabo ningún deseo carnal” (Gálatas 5:16).

Si te das cuenta, este versículo no dice que la persona ya no tendrá deseos inmorales. Más bien, dice que si nos acostumbramos a estudiar mucho la Biblia y oramos a menudo, tendremos fuerzas para resistir esos deseos y no llevarlos a cabo.

David, que mencionamos al principio, obtuvo esas fuerzas, especialmente después de haberles contado a sus padres lo que le pasaba. Él comenta: “Me quité un gran peso de encima, y probablemente hubiera disfrutado más de mi adolescencia si hubiese hablado con ellos antes”.

Y es que somos más felices cuando obedecemos las normas de Jehová. Podemos estar convencidos de que “son rectas” y “hacen regocijar el corazón”, y de que si las seguimos tendremos grandes recompensas (Salmo 19:8, 11).

Fuente: https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-b%C3%ADblicas/familias/j%C3%B3venes/preguntan/biblia-homosexualidad-jovenes/

8 de septiembre de 2016

JW Broadcasting​ Septiembre de 2016

Salio por fin el programa mensual de los Testigos de Jehová. Es un hermoso programa espiritual donde veremos como vencer el desanimo, como lograr una nueva personalidad cristiana y, así, reflejar al gran maestro en amor y misericordia. Sin duda, un bello regalo de Jehová.


 

3 de septiembre de 2016

EL PELIGRO DE LOS VIDEOJUEGOS



¿Corren peligro los jugadores?

Un niño de 12 años “arrinconó a un rival desarmado y le apuntó muy cerca de la cabeza.
—¡Estás perdido! —exclamó el niño, sonriendo demencialmente y burlándose del personaje—. ¡Te tengo en mis manos! —Entonces oprimió el botón y le disparó en la cara al personaje, que dio un giro y cayó con la bata manchada de sangre.
—¡Te maté! —añadió el niño, riendo.”
ESTA escena de un niño jugando con un videojuego, extraída del artículo de Stephen Barr titulado “Violencia, pornografía y videojuegos”, hace surgir la pregunta de nuestro título. Hay más de cinco mil juegos electrónicos en el mercado. Algunos se consideran educativos y una forma de diversión inofensiva.
Hay juegos que enseñan geografía, a volar un avión o a pensar lógicamente y resolver problemas. Incluso hay juegos terapéuticos. Por ejemplo, uno de ellos está concebido para ayudar a quienes padecen un trastorno que afecta el aprendizaje de la lectura. Ciertos juegos también pueden ayudar a los jóvenes a hacerse más diestros en el uso de la computadora, lo cual es cada vez más importante en esta era de la tecnología.
Los expertos señalan el lado oscuro
“Algunos juegos fomentan problemas sociales como la violencia, la pornografía y el lenguaje obsceno —dice David Walsh, director del National Institute on Media and the Family—. Lo triste es que dichos juegos son muy populares entre los chicos de 8 a 15 años de edad.”
Un estudio que se realizó en Estados Unidos reveló que casi el ochenta por ciento de los videojuegos que prefieren los jóvenes contienen violencia. Rick Dyer, presidente de la compañía Virtual Image Productions, dice: “Ya no se trata de simples juegos, sino de mecanismos para aprender. Estamos enseñando a los niños, de la manera más increíble, qué se siente al apretar el gatillo [...]. Lo que no están aprendiendo son las consecuencias de hacerlo en la vida real”.
Ya en 1976, el público había condenado los juegos violentos a raíz del lanzamiento al mercado del videojuego Death Race, cuyo objetivo era atropellar a los peatones que caminaban de un lado a otro de la pantalla. El usuario que arrollara la mayor cantidad de peatones era el ganador. Los juegos nuevos y más sofisticados tienen mejores gráficos y permiten al usuario participar en actos de violencia aún más reales.
Tomemos como ejemplo el juego Carmageddon: el jugador habrá atropellado y matado a 33.000 personas para cuando haya terminado el último nivel del juego. La siguiente es una descripción de Carmageddon 2: “Las víctimas quedan aplastadas bajo los neumáticos y salpican de sangre el parabrisas; también se arrodillan e imploran misericordia, o se suicidan. Y si el jugador lo desea, puede despedazarlas”.
¿Es dañina esta simulación de actos violentos? Se han realizado aproximadamente tres mil estudios sobre este asunto, muchos de los cuales han indicado que existe una conexión entre la violencia que contienen los juegos y el aumento de la agresividad en los jugadores. Los incidentes violentos protagonizados por jóvenes suelen verse como indicativo de dicha conexión.
Algunos especialistas minimizan la influencia de los videojuegos diciendo que deben tomarse en cuenta otros factores, como la posibilidad de que los niños que ya tienen tendencias violentas son los que escogen este tipo de entretenimiento. Pero ¿acaso no será que dichos juegos violentos contribuyen al problema? Parece poco realista insistir en que a la gente no le influye lo que ve. Si eso fuera cierto, ¿por qué se gastan miles de millones de dólares anualmente en anuncios de televisión?

“La habilidad y el deseo de matar”

David Grossman, militar experto en psicología y escritor del libro On Killing (Sobre la conducta asesina), afirma que la violencia que contienen los videojuegos entrena a los niños de la misma manera que el adiestramiento militar consigue que los soldados superen su resistencia innata a matar. Por ejemplo, se descubrió que era posible vencer la renuencia a matar de un alto porcentaje de soldados de infantería con solo reemplazar en sus prácticas de tiro los blancos normales por blancos con forma humana. De igual modo, sostiene Grossman, los juegos violentos hacen que los niños desarrollen “la habilidad y el deseo de matar”.
Según un trabajo de investigación publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology, la violencia que contienen los juegos electrónicos pudiera ser aún más peligrosa que la que se presenta por televisión o en el cine, dado que el jugador experimenta la sensación de ejecutar los actos violentos. Es posible que la televisión convierta al niño en espectador de la violencia, pero los videojuegos pueden hacerle partícipe de ella. Además, ver una película quizá le tome tan solo un par de horas, mientras que dominar un videojuego típico puede tomarle hasta cien horas.
En algunos países se ha establecido un sistema de clasificación para informar al público que los juegos sumamente violentos son solo para adultos. Pero tal sistema es útil siempre y cuando se haga valer. Un estudio realizado en Estados Unidos reveló que el 66% de los padres encuestados ni siquiera estaban familiarizados con dicho sistema de clasificación. El director de Entertainment Software Rating Board, institución dedicada a la clasificación de los videojuegos, dice que este sistema no fue concebido para evitar que los niños consigan ciertos juegos. Explica: “Nuestro papel no consiste en dictar preferencias. Proporcionamos a los padres los medios para que determinen lo que quieren o no quieren que vean sus hijos”.

¿Juegos adictivos?
Los nuevos juegos en línea —en los que personas de todo el mundo intervienen conectándose a Internet— permiten que cada participante asuma el papel de un personaje que ha de superar diversos obstáculos. Con cada prueba superada, el jugador aumenta su sentimiento de logro. El tiempo que dedica a su personaje se convierte en una inversión y le da un sentido de satisfacción que lo impulsa a volver a jugar. Para algunos, el juego puede ser casi adictivo, una de las posibles razones por la que los juegos en línea se prolongan a veces durante meses o incluso años.
La revista Time informó que en Corea del Sur hay un gran interés en el juego en línea denominado Lineage. Quienes participan en este luchan por la victoria en un ambiente medieval. El competidor avanza por varios niveles, procurando alcanzar un rango especial. Algunos jóvenes pasan toda la noche jugando y no pueden mantenerse despiertos en clase al día siguiente. Los padres se preocupan, pero no siempre saben cómo afrontar el problema. Un jugador joven dijo lo siguiente en una entrevista: “Cuando las personas me conocen a través de la Red, creen que soy un chico inteligente, pero cuando me conocen personalmente, me aconsejan que pierda peso”.
Joonmo Kwon, psicólogo coreano, da la siguiente explicación de por qué Lineage se ha hecho tan popular: “En la sociedad coreana, uno tiene que reprimir sus pasiones y deseos ocultos, pero en el juego salen a flote”. De este modo, los jóvenes huyen de la realidad y se refugian en un mundo de fantasía. Un comentarista perspicaz describe así a los jugadores: “Para ellos, el mundo virtual es mucho más atractivo que el real. De hecho, este último es solo el lugar donde ganan el poco dinero que necesitan para seguir jugando”.
Daños a la salud
Estadísticas efectuadas en Estados Unidos revelan que el adolescente promedio de 12 años ve la televisión cuatro horas al día, sin contar el tiempo que pasa jugando a los videojuegos con la mirada fija en la computadora o el televisor. En una encuesta realizada en 1995, más del sesenta por ciento de los niños entrevistados admitieron que a menudo jugaban más tiempo de lo que esperaban, lo cual puede resultar fácilmente en que descuiden sus tareas escolares. Un estudio que se llevó a cabo en Japón reveló que los juegos de computadora estimulan solo una parte limitada del cerebro del niño. Según el estudio, los pequeños deben dedicar más tiempo a la lectura, la escritura y las matemáticas. Pero para que su cerebro se desarrolle bien, es necesario que también jueguen al aire libre y se relacionen con otras personas.
Se dice que alrededor del cuarenta por ciento de los niños norteamericanos de cinco a ocho años de edad están clínicamente obesos. Es muy probable que esto se deba a la falta de ejercicio, ya que los pequeños pasan demasiado tiempo frente al televisor o la computadora. Tan común es este problema, que una compañía ha fabricado un equipo de ejercicios que puede utilizarse mientras uno se entretiene con los videojuegos. Por supuesto, sería mucho mejor que los niños limitaran el tiempo que le dedican a estos y que participaran más en otras actividades que los ayuden a desarrollar una personalidad equilibrada.
Consideremos otra cuestión que afecta la salud: mirar fijamente una pantalla por largos espacios de tiempo puede causar daños visuales. Las encuestas señalan que por lo menos la cuarta parte de los usuarios de computadoras sufren problemas de visión. Una razón para ello es que parpadean menos, lo que provoca sequedad e irritación en los ojos. Parpadear ayuda a ver con claridad, pues estimula la producción de lágrimas y elimina las impurezas.
Como los niños no son muy conscientes de sí mismos, pueden pasar largas horas jugando con la computadora, sin apenas pausar para descansar, lo cual puede causarles fatiga ocular y visión borrosa. Los expertos recomiendan que se pause por varios minutos después de usar la computadora durante una hora.

Un próspero negocio mundial
El interés en los juegos en línea parece estar aumentando en todo el mundo. Cada vez son más los lugares donde se abren cibercafés, establecimientos equipados con computadoras en los que los clientes pagan para jugar por Internet. No es raro oír de jóvenes que gastan hasta 200 dólares al mes en dichos cafés.
No cabe duda de que la industria de los videojuegos está en auge. Se espera que el mercado de los juegos en línea se incremente más de un setenta por ciento en los próximos cinco años.
Ahora bien, esta floreciente industria tiene su lado oscuro, y los peligros son reales. Nadie —y mucho menos los niños— puede darse el lujo de arriesgar la salud, gastar una exorbitante cantidad de tiempo y dinero, o acostumbrarse a la violencia y la muerte sin pagar las consecuencias. De modo que difícilmente puede decirse que los videojuegos son siempre educativos y una forma de diversión inofensiva. David Walsh, citado antes, advierte: “Es probable que la industria del esparcimiento sea más poderosa de lo que creemos. Y puesto que los padres tienen la responsabilidad de proteger a sus hijos, su concepto de protección tiene que irse modificando al ritmo que cambia el mundo del entretenimiento”.
Lo cierto es que, como dice la Biblia, “la escena de este mundo está cambiando” (1 Corintios 7:31). Y parece que no hay nada que cambie más rápido que las formas de divertirse. Simplemente tratar de mantenerse al paso con las tendencias e influencias que bombardean a sus hijos todos los días abruma a numerosos padres. Pero esto no debe ser causa de desánimo. Muchos padres han tenido éxito en criar a sus hijos porque les han ayudado a concentrarse en lo que de veras importa. Los niños, al igual que nosotros, necesitan entender que el entretenimiento —sea por la computadora, la televisión o cualquier otro medio— nunca satisfará las necesidades más importantes del ser humano, pues como dijo Jesús en cierta ocasión, la felicidad verdadera es posesión de quienes “tienen conciencia de su necesidad espiritual” (Mateo 5:3).
[Nota]
Además, algunos aconsejan que los usuarios descansen la vista cada quince minutos, fijando la mirada en objetos distantes. Otros sugieren que se sienten por lo menos a medio metro de la pantalla y que no utilicen la computadora cuando estén cansados.

Algunos peligros de los juegos electrónicos
 Los videojuegos que tienen contenido violento suelen fomentar un comportamiento agresivo.
 A menudo hacen que el jugador se sienta más que un simple espectador de la violencia, pues están concebidos para convertirlo en partícipe de ella.
 Pueden hacer que a las personas influenciables les cueste distinguir entre la realidad y la fantasía.
 Al igual que una adicción, a veces hacen que el jugador descuide obligaciones importantes y su relación con los demás.
 Con frecuencia consumen tiempo que los niños deberían dedicar a otras actividades importantes, como estudiar, relacionarse con otras personas y participar en juegos creativos.
 Conllevan fijar la vista por largo tiempo en una pantalla, lo que puede causar fatiga ocular.
 Privan al jugador del ejercicio necesario, lo que a menudo ocasiona problemas de obesidad.
 Consumen dinero y tiempo.

Una manera de vencer el hábito
Un cristiano de 23 años llamado Thomas recuerda: “Cuando era estudiante, no cumplía con mis tareas porque pasaba mucho tiempo jugando con videojuegos. Posteriormente, esta práctica me afectó de otras maneras. Seguí jugando incluso después de llegar a ser ministro voluntario de tiempo completo. Por fin me di cuenta de que este hábito me estaba robando demasiado tiempo y energías. En ocasiones, cuando jugaba antes de salir a predicar o de asistir a una reunión cristiana, se me hacía muy difícil concentrarme. Casi siempre estaba pensando en cómo resolver, al llegar a casa, algún problema que me había planteado el juego. Se vieron afectados mi estudio personal y mi lectura regular de la Biblia. El gozo que sentía al servir a Dios empezó a disminuir.

”Una noche, ya tarde, mientras estaba acostado, me di cuenta de que no podía continuar viviendo así. Me levanté, encendí la computadora, seleccioné todos los juegos y apreté la tecla de borrar. ¡Desaparecieron en un instante! No me fue nada fácil hacerlo. Descubrí que estaba más apegado a ellos de lo que me imaginaba. Pero también sentí que había logrado una gran victoria porque sabía que aquello era por mi propio bien. Admito que he comprado varios videojuegos desde entonces, pero ahora soy mucho más estricto conmigo mismo. Tan pronto percibo que me cuesta mantener el equilibrio, vuelvo a apretar la tecla de borrar.”

23 de agosto de 2016

Las excusas: ¿cómo las ve Jehová?



LA MUJER que me diste para que estuviera conmigo, ella me dio fruto del árbol y así es que comí”, dijo el hombre. Ante tal acusación, la mujer respondió: “La serpiente... ella me engañó, y así es que comí. Estas excusas que Adán y Eva presentaron a Dios marcaron el inicio de una práctica que ha plagado desde entonces a la humanidad (Gén. 3:12, 13).
El castigo que Jehová impuso a nuestros primeros padres por haberle desobedecido deliberadamente demuestra que no vio con bue
nos ojos aquellas justificaciones (Gén. 3:16-19). ¿Debemos concluir, por lo tanto, que él no acepta ninguna excusa? ¿O considera que algunas son válidas? Y si así fuera, ¿cómo saber cuáles acepta y cuáles no? Para averiguar la respuesta, primero tenemos que entender qué son las excusas.
Las excusas se definen como las razones que se presentan por haber hecho o dejado de hacer algo, o para evitar realizar cierta cosa. En algunos casos son explicaciones válidas que se dan con el propósito de pedir perdón por cierta falta cometida. Sin embargo, tal como lo ilustra el caso de Adán y Eva, también puede tratarse de simples pretextos que ocultan la verdadera motivación. Debido a que la mayoría de las excusas suelen ser de este tipo, no es raro que se las mire con desconfianza.
En vista de lo anterior, los cristianos deben tener cuidado al poner excusas, en especial cuando se trata de su servicio a Dios, pues corren el riesgo de estar “engañándose a sí mismos con razonamiento falso” (Sant. 1:22). Por ello, repasemos algunos principios y ejemplos bíblicos que nos permitirán “[asegurarnos] de lo que es acepto al Señor” (Efe. 5:10).
¿Qué espera Jehová de nosotros?
Las Escrituras contienen los mandamientos que debemos obedecer los siervos de Dios. Por ejemplo, el mandato que dio Jesús en el siglo primero de “[hacer] discípulos de gente de todas las naciones” sigue siendo válido para todos sus seguidores hoy día (Mat. 28:19, 20). De hecho, es tan importante cumplirlo que el apóstol Pablo exclamó: “¡Ay de mí si no declarara las buenas nuevas!” (1 Cor. 9:16).
No obstante, hay personas que, aunque llevan mucho tiempo estudiando la Biblia con nosotros, no se deciden a predicar las buenas nuevas del Reino (Mat. 24:14). Otros participaban en esta obra, pero han dejado de hacerlo. ¿Qué razones suelen presentar en estos casos? Veamos lo que hizo Jehová en el pasado cuando algunos siervos suyos dudaron de que pudieran cumplir los mandatos que él les había dado.
Excusas que Dios no acepta
“Es demasiado difícil.” La predicación tal vez parezca una tarea imposible, en especial para quienes son tímidos. Pero el caso de Jonás nos ofrece grandes lecciones. Jehová le mandó que anunciara la inminente destrucción de Nínive, una comisión que lo hizo sentir intimidado. Y no era para menos, pues aquella ciudad era la capital de Asiria, un imperio conocido por su crueldad y violencia. De seguro, el profeta se preguntó: “¿Qué me va a pasar si voy? ¿Me irán a hacer daño?”. Por eso, en vez de ir a Nínive a cumplir su comisión, huyó en la dirección contraria. Sin embargo, Jehová no aceptó las excusas de Jonás, sino que volvió a ordenarle que fuera a advertir a los ninivitas. Esta vez el profeta cumplió su asignación con valentía, y Dios bendijo su labor (Jon. 1:1-3; 3:3, 4, 10).
Tal vez a usted le parezca que la predicación es demasiado difícil. En tal caso, tenga presente que “todas las cosas son posibles para Dios” (Mar. 10:27). Por eso, no deje de pedirle su ayuda. Podemos estar seguros de que él nos dará a todos las fuerzas que necesitamos. Si nos armamos de valor, nos bendecirá (Luc. 11:9-13).
“Es que no tengo ganas.” ¿Qué puede hacer si no siente el deseo de cumplir con el ministerio cristiano? Recuerde que Jehová puede llegar hasta lo más íntimo de nuestro ser e influir en nuestros sentimientos. Pablo escribió: “Dios es el que, por causa de su beneplácito, está actuando en ustedes a fin de que haya en ustedes tanto el querer como el actuar” (Fili. 2:13). Por lo tanto, pidámosle a Jehová que nos haga sentir el deseo de servirle. El rey David le hizo una petición parecida: “Hazme andar en tu verdad” (Sal. 25:4, 5). Así pues, implorémosle a Jehová que nos impulse a querer agradarle.
Claro está, hay veces que nos sentimos tan cansados o desanimados que tenemos que obligarnos para asistir a las reuniones o salir a predicar. ¿Significa eso que no amamos de verdad a Jehová? Por supuesto que no. Los siervos fieles de Dios de la antigüedad también tuvieron que luchar por hacer la voluntad divina. Pablo, por ejemplo, dijo que para obedecer a Jehová tenía que “aporrear” su cuerpo, por decirlo así (1 Cor. 9:26, 27). Aunque en ocasiones tengamos que obligarnos a cumplir con nuestro ministerio, podemos estar seguros de que Dios nos bendecirá, pues sabe que lo hacemos por la motivación correcta: porque lo amamos. Además, así demostramos que Satanás miente al afirmar que dejaremos de servir a Jehová si atravesamos dificultades (Job 2:4).
“No tengo tiempo.” Si alguien piensa que está demasiado ocupado para participar en el ministerio, es vital que se replantee sus prioridades. Jesús dio un principio que debe guiar nuestros pasos: “Sigan, pues, buscando primero el reino” (Mat. 6:33). Para cumplirlo, tal vez sea necesario que simplifiquemos nuestro estilo de vida o que dediquemos menos tiempo al entretenimiento y más a la predicación. Las diversiones y otras actividades personales tienen su lugar, pero no podemos usarlas como excusas para descuidar nuestro servicio. El primer lugar en la vida de todo cristiano deben ocuparlo los asuntos espirituales.
“No me siento capaz.” Quizá usted crea que no tiene las habilidades necesarias para ser ministro de las buenas nuevas. Pero no tiene por qué desanimarse: algunos siervos de Dios de tiempos bíblicos también se sintieron incapaces de cumplir con sus asignaciones. Tomemos el caso de Moisés. Cuando Jehová le dio cierta comisión, él le respondió: “Dispénsame, Jehová, pero no soy persona que hable con fluidez, ni desde ayer ni desde antes de eso ni desde que hablaste con tu siervo, porque soy lento de boca y lento de lengua”. Aunque Jehová le aseguró que lo iba a ayudar, Moisés le pidió que enviara a otra persona: “Dispénsame, Jehová, pero envía [tu mensaje], por favor, por la mano de aquel a quien vas a enviar” (Éxo. 4:10-13). ¿Cómo reaccionó Dios?

No eximió a Moisés de su comisión, sino que nombró a Aarón para que lo ayudara (Éxo. 4:14-17). Además, durante todos los años que siguieron, nunca lo abandonó y siempre le dio todo lo necesario para cumplir con sus asignaciones. En nuestros días, Jehová puede impulsar a hermanos con más experiencia para que nos apoyen en el ministerio. Y lo que es más importante, nos asegura en su Palabra que nos dará la capacitación necesaria para realizar la labor que nos ha encargado (2 Cor. 3:5; véase el recuadro “Los años más felices de mi vida”).
“Me siento ofendido por lo que me hicieron.” Hay quienes dejan de predicar o asistir a las reuniones porque están molestos por lo que les hizo algún hermano. Aunque esos sentimientos son comprensibles, ¿los considera Jehová una excusa válida para caer en la inactividad espiritual? Pensemos en el caso de Pablo y Bernabé. Sin duda se sintieron dolidos después de un serio desacuerdo que acabó en “un agudo estallido de cólera” (Hech. 15:39). Pero ¿dejaron de participar en el ministerio? De ninguna manera.
Algo que no debemos olvidar cuando algún hermano, en su imperfección, nos ofende es que él no es nuestro enemigo. El verdadero enemigo es Satanás; es él quien desea devorarnos. No le demos la victoria; más bien, pongámonos “en contra de él, sólidos en la fe” (1 Ped. 5:8, 9; Gál. 5:15). Si tenemos una fe fuerte, podremos superar las decepciones (Rom. 9:33).
Cuando las circunstancias limitan nuestro servicio
Como hemos visto, no hay razones bíblicas para dejar de cumplir con los mandamientos divinos, como el de predicar las buenas nuevas. Sin embargo, sí pudiera haber razones válidas que justifiquen una participación más limitada en el ministerio. Tal vez tengamos responsabilidades bíblicas que nos consumen mucho tiempo. O puede que en ocasiones nos encontremos tan agotados o enfermos que no podamos hacer tanto como quisiéramos. En estos casos, nos anima la garantía que nos da Jehová en su Palabra de que él ve nuestro deseo sincero de servirle y toma en cuenta nuestras limitaciones (Sal. 103:14; 2 Cor. 8:12).
Por lo tanto, no nos juzguemos con demasiada dureza, ni a nosotros ni tampoco a los demás. Tengamos presentes estas palabras de Pablo: “¿Quién eres tú para juzgar al sirviente de casa ajeno? Para su propio amo está en pie o cae” (Rom. 14:4). En vez de cometer el error de compararnos con nuestros hermanos, recordemos que “cada uno de nosotros rendirá cuenta de sí mismo a Dios” (Rom. 14:12; Gál. 6:4, 5). Tampoco olvidemos que cuando le oramos a Jehová y le damos las explicaciones necesarias, debemos hacerlo con “una conciencia honrada” (Heb. 13:18).
Servir a Jehová nos llena de alegría
Todos podemos sentirnos felices al servir a Dios, sean cuales sean nuestras circunstancias, porque él nunca es irrazonable ni nos pide imposibles. ¿Cómo lo sabemos?

La Palabra de Dios nos dice: “No retengas el bien de aquellos a quienes se les debe, cuando sucede que está en el poder de tu mano hacerlo” (Pro. 3:27). ¿Notó la expresión “está en el poder de tu mano”? ¿Qué nos enseña sobre lo que Jehová espera de nosotros? Que él nos pide que hagamos lo que esté en nuestra mano; no nos exige que logremos lo mismo que los demás. Así es, todo cristiano —sea que esté en su mano hacer mucho o poco— puede servir a Jehová con toda el alma (Luc. 10:27; Col. 3:23).

FUENTE: http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2010763

19 de agosto de 2016

¿Hasta cuándo pediremos “Venga tu reino”?




“Cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas.” (MAT. 24:33)

COMO usted quizás haya notado, los testigos oculares de un suceso suelen recordar los detalles de maneras muy distintas. Por otro lado, a un paciente le puede costar recordar exactamente lo que le dijo el médico después de darle el diagnóstico. O alguien tal vez no encuentre sus llaves o sus lentes pese a tenerlos delante. Todas estas situaciones tienen que ver con un fenómeno que los científicos llaman ceguera por inatención: no darse cuenta de algo, o bien olvidar algo, por estar distraído con otra cosa. Se afirma que el cerebro solo puede concentrarse bien en una cosa a la vez.

Muchas personas sufren un tipo parecido de ceguera ante los acontecimientos mundiales. Tal vez reconozcan que el mundo ha cambiado muchísimo desde 1914, pero no comprenden lo que eso realmente significa. Por nuestro estudio de la Biblia, nosotros sabemos que, en cierto sentido, el Reino de Dios vino en 1914, cuando Jesús fue coronado Rey en los cielos. Pero también sabemos que aún no se ha contestado por completo la oración “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mat. 6:10). Obviamente, para que la voluntad de Dios se haga en la Tierra como se hace en el cielo, primero tiene que desaparecer el presente sistema malvado.
Gracias a nuestro estudio constante de la Palabra de Dios, nosotros podemos ver que hay profecías cumpliéndose ahora mismo. ¡Qué contraste con el resto de las personas! Están tan absortas en su propia vida y en sus deseos que pasan por alto las pruebas de que Cristo ha estado reinando desde 1914 y pronto ejecutará la sentencia divina sobre este mundo. Ahora bien, si usted quizá lleva décadas sirviendo a Dios, conviene que se pregunte: “¿Tengo ahora tanto interés en el significado de los sucesos mundiales como el que tenía años atrás?”. Incluso si es Testigo desde hace poco, piense: “¿Qué absorbe mi atención?”. Sea cual sea la respuesta, veamos tres importantes razones por las que sabemos que el Rey ungido de Dios pronto tomará medidas para que la voluntad divina se haga a plenitud en la Tierra.
LOS JINETES HAN HECHO SU APARICIÓN
En 1914, Jesucristo, representado como un jinete a lomos de un caballo blanco, recibió su corona celestial y de inmediato salió cabalgando para completar su victoria contra este sistema satánico (lea Revelación 6:1, 2). La descriptiva profecía del capítulo 6 de Revelación indicaba que, tras el establecimiento del Reino de Dios, las condiciones mundiales empeorarían rápidamente. Habría guerras, escasez de alimento, enfermedades y otras causas de muerte, y estos sucesos están representados por el avance de tres jinetes que siguen de cerca a Jesucristo (Rev. 6:3-8).
Se predijo que la guerra iba a “quitar de la tierra la paz”, y eso mismo ocurrió. De nada sirvieron las promesas de cooperación internacional o los esfuerzos diplomáticos. La Primera Guerra Mundial puede considerarse la primera de muchas guerras importantes que han quitado la paz de la Tierra. Y a pesar de los avances económicos y científicos que se han visto desde 1914, la escasez de alimento sigue amenazando la seguridad mundial. Además, ¿quién puede negar que todo tipo de epidemias, desastres naturales y otras plagas mortales siguen cobrándose millones de víctimas todos los años? El alcance, la frecuencia y la gravedad de estas desgracias no tienen precedente en la historia humana. ¿Se da cuenta de lo que eso significa?
Mucha gente tenía puesta su atención en la Primera Guerra Mundial y la aparición de la gripe española. En cambio, los cristianos ungidos habían estado esperando con entusiasmo que en 1914 acabaran los tiempos de los gentiles, también llamados “los tiempos señalados de las naciones” (Luc. 21:24). No estaban completamente seguros de lo que sucedería, pero sabían que 1914 marcaría un cambio trascendental en el gobierno divino. En cuanto se dieron cuenta de que las profecías bíblicas se estaban cumpliendo, declararon con valor que el Reino de Dios había comenzado. Su proclamación los convirtió en blanco de una intensa persecución, y el hecho de que eso ocurriera en muchas naciones fue en sí mismo otra prueba de que las profecías se estaban cumpliendo. En las décadas que siguieron, los enemigos del Reino atacaron a los siervos de Jehová promulgando leyes injustas en su contra. Además, los maltrataron físicamente, los encarcelaron y hasta los mandaron ahorcar, fusilar o decapitar (Sal. 94:20; Rev. 12:15).
Con tantas pruebas de que el Reino de Dios ya está establecido en los cielos, ¿por qué la mayoría de la gente no se da cuenta de esa realidad? ¿Por qué no pueden atar cabos y ver que se están cumpliendo profecías bíblicas que el pueblo de Dios lleva mucho tiempo proclamando? ¿Será que solo prestan atención a lo que ven con sus ojos? (2 Cor. 5:7.) ¿Están tan centrados en sí mismos que no pueden ver lo que Dios está haciendo? (Mat. 24:37-39.) ¿Será que se dejan distraer por las ideas y objetivos que el mundo de Satanás promueve? (2 Cor. 4:4.) Para percibir lo que está ocurriendo en la región invisible, se requiere fe y visión espiritual. ¡Cuánto nos alegra no ser ciegos a lo que realmente está pasando!
CADA VEZ HAY MÁS MALDAD
Una segunda razón por la que sabemos que pronto el Reino de Dios tomará las riendas de los asuntos aquí en la Tierra es esta: la maldad de la sociedad humana es cada vez mayor. Las características predichas en 2 Timoteo 3:1-5 llevan casi un siglo viéndose, y de hecho han llegado a todos los rincones del planeta y son cada vez más notorias. ¿Se da cuenta usted de eso? Analicemos algunos ejemplos que lo demuestran (lea 2 Timoteo 3:1, 13).
Compare lo que se consideraba escandaloso en los años cuarenta o cincuenta con lo que ocurre hoy en los lugares de trabajo o en el mundo del entretenimiento, los deportes y la moda. La violencia y la inmoralidad extremas están a la orden del día. Algunos buscan parecer los más feroces, los más obscenos o los más despiadados. Programas de televisión que en los años cincuenta se consideraban inaceptables se emiten ahora como apropiados para toda la familia. Y muchas personas reconocen el enorme poder que los homosexuales tienen en el mundo del espectáculo y el de la moda, un poder que utilizan para promover su estilo de vida a la vista de todos. ¡Cuánto agradecemos saber lo que Dios piensa de eso! (Lea Judas 14, 15.)

También podemos recordar lo que se consideraba conducta rebelde por parte de los jóvenes de los años cincuenta y compararlo con lo que está ocurriendo hoy. A los padres les preocupaba, y con razón, que sus hijos fumaran, bebieran o bailaran de manera sensual. En la actualidad, escalofriantes titulares se han vuelto el pan de cada día. Un estudiante de 15 años dispara contra sus compañeros de clase y deja 2 muertos y 13 heridos. Unos adolescentes borrachos asesinan brutalmente a una niña de nueve años y dan una paliza al padre y al primo. Se afirma que los jóvenes son los responsables de la mitad de los delitos cometidos en cierto país asiático en los últimos diez años. ¿Puede cualquier persona razonable negar que el mundo está mucho peor?
El apóstol Pedro predijo acertadamente: “En los últimos días vendrán burlones con su burla, procediendo según sus propios deseos y diciendo: ‘¿Dónde está esa prometida presencia de él? Pues, desde el día en que nuestros antepasados se durmieron en la muerte, todas las cosas continúan exactamente como desde el principio de la creación’” (2 Ped. 3:3, 4). ¿Cómo podría explicarse esta reacción? Parece que cuanto más común es una situación, menos nos asombra. Puede que un cambio inesperado y repentino en la conducta de alguien que tenemos cerca nos conmocione. Sin embargo, el deterioro de la moralidad de la sociedad en general, como es gradual, quizás pase desapercibido. Pero no por ello deja de ser peligroso.
El apóstol Pablo nos advirtió de que “los últimos días” serían “difíciles de manejar” (2 Tim. 3:1). Pero no dijo que fueran imposibles de manejar, así que no hay razón para que tengamos miedo ni nos desanimemos. Con la ayuda de Jehová, de su espíritu y de la congregación cristiana podemos superar cualquier temor o desilusión. Podemos permanecer fieles. “El poder que es más allá de lo normal” es el de Dios, no el nuestro (2 Cor. 4:7-10).
Es interesante que Pablo comenzara su profecía sobre los últimos días con la expresión “sabe esto”. Estas palabras garantizan que lo que escribió a continuación se cumplirá sin falta. Por eso, no hay duda de que esta sociedad malvada seguirá de mal en peor hasta que Jehová acabe con ella. Los historiadores han dejado constancia de que algunas civilizaciones o naciones sufrieron un marcado deterioro moral antes de desplomarse. Pues bien, nunca antes la moralidad del mundo entero ha caído tan bajo. Muchos quizás no hagan caso de lo que eso significa, pero el hecho es que esta degeneración sin precedentes que ha tenido lugar desde 1914 es una clara señal de que el Reino de Dios pronto cambiará el curso de la historia.
ESTA GENERACIÓN NO PASARÁ
Todavía hay una tercera razón para confiar en que el fin está cerca: lo que ha ocurrido con el pueblo de Dios. Por ejemplo, antes de que el Reino de Dios se estableciera en los cielos, un grupo de ungidos fieles estaba sirviendo a Dios con entusiasmo. ¿Qué hicieron cuando no se cumplieron algunas de sus expectativas sobre lo que pasaría en 1914? La mayoría siguió sirviendo a Jehová. A pesar de las pruebas y persecuciones que tuvieron que aguantar, la mayoría de aquellos ungidos, si no todos, continuaron fieles hasta el fin de su vida en la Tierra.
En su detallada profecía sobre la conclusión de este sistema de cosas, Jesús dijo: “De ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas” (lea Mateo 24:33-35). Entendemos que “esta generación” a la que se refirió Jesús está compuesta por dos grupos de cristianos ungidos. Los ungidos del primer grupo presenciaron lo que ocurrió en 1914 y comprendieron que Cristo había empezado a reinar en ese año. No es solo que estuvieran vivos entonces, sino que durante ese año o antes ya habían sido ungidos con espíritu como hijos de Dios (Rom. 8:14-17).
El segundo grupo de “esta generación” está compuesto por ungidos contemporáneos del primer grupo. No se trata simplemente de que estuvieran vivos al mismo tiempo que los miembros del primer grupo, sino que fueron ungidos con espíritu santo cuando aún quedaban en la Tierra miembros del primer grupo. Así pues, no todos los ungidos de la actualidad forman parte de “esta generación” de la que Jesús habló. Hoy en día, los miembros del segundo grupo ya tienen una edad considerable. Sin embargo, las palabras de Jesús registradas en Mateo 24:34 nos garantizan que “de ningún modo pasará esta generación” antes de que comience la gran tribulación, así que por lo menos algunos miembros de dicha generación estarán vivos en la Tierra cuando llegue ese momento. Este hecho refuerza nuestra convicción de que ya falta poco para que Jesucristo, el Rey del Reino de Dios, destruya a los malvados y dé paso a un nuevo mundo justo (2 Ped. 3:13).
CRISTO COMPLETARÁ PRONTO SU VICTORIA
¿A qué conclusión nos lleva ver el cumplimiento de las tres profecías que hemos analizado? Jesús advirtió que no sabríamos el día o la hora en que vendría el fin, y no los sabemos (Mat. 24:36; 25:13). Pero, como Pablo señaló, sí sabemos cuál es “el tiempo” (lea Romanos 13:11). Sabemos que vivimos en los últimos días. Si se examinan las profecías y lo que Jehová y Jesús están haciendo, es imposible no ver las pruebas de que el fin de este sistema ya está cerca.
Quienes se niegan a reconocer la inmensa autoridad que ha recibido Jesucristo, el victorioso Jinete del caballo blanco, pronto tendrán que admitir su error. No podrán escapar del juicio divino. Muchos clamarán aterrorizados: “¿Quién puede estar de pie?” (Rev. 6:15-17). El siguiente capítulo de Revelación contesta esa pregunta. Los ungidos y los que abrigan la esperanza terrenal estarán “de pie” porque habrán obtenido la aprobación divina. Entonces, la “gran muchedumbre” de las otras ovejas sobrevivirá a la gran tribulación y entrará en el nuevo mundo (Rev. 7:9, 13-15).
Si nos concentramos en las profecías bíblicas que se están cumpliendo en estos tiempos emocionantes, no nos dejaremos distraer por el mundo de Satanás ni seremos ciegos al verdadero significado de los sucesos mundiales. Cristo pronto completará su victoria sobre esta sociedad perversa en la justa guerra del Armagedón (Rev. 19:11, 19-21). ¡Qué futuro tan feliz nos aguarda! (Rev. 20:1-3, 6; 21:3, 4.)

FUENTE: http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2014047#h=2

17 de agosto de 2016

HISTORIAS BÍBLICAS ILUSTRADAS: DAVID



En esta historieta se narra bellamente la batalla entre el filisteo Goliat y el pequeño pastor David, un adolescente cuyo amor hacía Jehová Dios hizo que retará al guerrero más poderoso de la filas enemigas, un gigante cuya maldad y astucia habían causado mella en las huestes del pueblo del Dios verdadero. Un enfrentamiento épico que marcaría el inicio de un ciclo de servicio de amor y lealtad para quien se convertiría en el rey fundador de la dinastía que tendría por descendiente al Mesías, el Cristo. 
Un conjunto de páginas cuyas figuras nos dejan presenciar este episodio, una batalla de una de las más largas guerras que sostuvieron los Israelitas por desterrar a los pueblos que idolatraban dioses de barro y metal.

La historia completa puede descargarse gratuitamente del siguiente enlace: 

https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-b%C3%ADblicas/familias/ni%C3%B1os/historias-b%C3%ADblicas-ilustradas/david-vence-goliat/

Esta es una publicación de distribución gratuita de los Testigos de Jehová.

Jehová lo cuidará




“Jehová mismo lo sustentará [durante su] enfermedad.” (SALMO 41:3)

COMO es natural, todos queremos tener buena salud. Si usted alguna vez ha tenido una enfermedad muy grave, tal vez llegó a preguntarse si lograría curarse. O quizás se pregunta lo mismo si tiene a un amigo o un familiar muy enfermo. La Biblia habla de varias personas que se preguntaban si un día se curarían. Una de esas personas fue el rey Ocozías, que era hijo de Acab y Jezabel. Él tuvo una caída y preguntó si se recuperaría de sus heridas. Más tarde, el rey Ben-hadad de Siria también quiso saber si alguna vez se curaría (2 Reyes 1:2; 8:7, 8).

En tiempos bíblicos, Jehová a veces usó su poder para curar a algunas personas. Incluso les dio su poder a algunos profetas para resucitar muertos (1 Reyes 17:17-24; 2 Reyes 4:17-20, 32-35). Por eso, algunas personas que están enfermas se preguntan si hoy día Dios también usará su poder para curarlas.

Jehová puede usar su poder para hacer que algunas personas se enfermen. Por ejemplo, él castigó con una enfermedad a un rey de Egipto y a la hermana de Moisés (Génesis 12:17; Números 12:9, 10; 2 Samuel 24:15). Y cuando los israelitas le desobedecieron, Dios los castigó con plagas y enfermedades (Deuteronomio 28:58-61). Pero Jehová también puede usar su poder para proteger a sus siervos y hacer que no se enfermen (Éxodo 23:25; Deuteronomio 7:15). A veces incluso curó a algunos de ellos. Por ejemplo, curó a Job cuando estaba tan enfermo que quería morirse (Job 2:7; 3:11-13; 42:10, 16).

Al igual que Jehová, Jesús puede curar a las personas. Cuando estuvo en la Tierra, curó a leprosos, epilépticos, ciegos, paralíticos y a otros enfermos (leaMateo 4:23, 24; Juan 9:1-7). Estos milagros nos hacen imaginar todo lo que Jesús hará en el Paraíso. Cuando vivamos allí, nadie dirá: “Estoy enfermo” (Isaías 33:24).

Entonces, si estamos muy enfermos, ¿podemos esperar que Jehová o Jesús usen su poder para curarnos hoy día? ¿Qué debemos tomar en cuenta cuando vamos a elegir un tratamiento?

BUSQUE LA AYUDA DE JEHOVÁ

Jehová les dio su espíritu santo a los primeros cristianos, y algunos de ellos pudieron hacer milagros (Hechos 3:2-7; 9:36-42). Por ejemplo, algunos curaron aenfermos y otros hablaron idiomas que no sabían hablar (1 Corintios 12:4-11). Pero la Biblia dijo que esos milagros dejarían de suceder, y eso fue lo que pasó (1 Corintios 13:8). Por eso, hoy día no esperamos que Dios haga un milagro para curarnos a nosotros o a nuestros seres queridos.

Pero si estamos muy enfermos, Jehová nos consolará y nos apoyará. Eso fue lo que hizo con sus siervos en el pasado. El rey David escribió: “Feliz es cualquiera que obra con consideración para con el de condición humilde; en el día de calamidad Jehová le proveerá escape. Jehová mismo lo guardará y lo conservará vivo” (Salmo 41:1, 2). ¿Quiso decir David que si en esa época una persona ayudaba a alguien humilde, esa persona nunca moriría? No. Lo que quiso decir es que si esa persona enfermaba, Dios la ayudaría y la cuidaría (Salmo 41:3). Nos anima saber que Jehová sabe lo que estamos sufriendo y no se olvida de nosotros. Él nos da valentía y sabiduría para enfrentar una enfermedad. Y además, ha hecho que nuestro cuerpo pueda recuperarse por sí mismo de algunas enfermedades.
El Salmo 41 habla de cuando el rey David estaba muy enfermo. Según parece, estaba muy preocupado porque su hijo Absalón quería quitarle el poder. Pero David estaba tan enfermo que no podía hacer nada para detenerlo. Él sabía que los problemas de su familia eran por culpa del pecado que cometió con Bat-seba (2 Samuel 12:7-14). ¿Qué hizo entonces? Le dijo a Jehová: “Muéstrame favor. De veras sana mi alma, porque he pecado contra ti” (Salmo 41:4). David sabía que Jehová había perdonado su pecado y buscó su ayuda mientras estaba enfermo. Pero ¿esperaba que Jehová hiciera un milagro y lo curara?

En el pasado, Jehová decidió usar su poder para curar a algunas personas. Por ejemplo, cuando el rey Ezequías estaba a punto de morir, Jehová hizo que se curara y viviera 15 años más (2 Reyes 20:1-6). Entonces, ¿esperaba David que Jehová también hiciera un milagro con él? No. Él esperaba que Dios lo ayudara tal como ayudaría a la persona que es buena “con el de condición humilde”. David era un buen amigo de Jehová, así que le podía pedir que lo consolara y lo cuidara mientras estuviera enfermo. También le pidió que lo ayudara a recuperarse. Nosotros podemos pedir lo mismo que David (Salmo 103:3).

El apóstol Pablo y otros cristianos tenían poder para curar enfermos (leaHechos 14:8-10). Por ejemplo, Pablo una vez curó a un hombre que tenía fiebre y una infección muy grave. Hechos 28:8 dice que “oró, puso las manos sobre él, y lo sanó”. Pero Pablo no curó a todas las personas enfermas que conoció. Por ejemplo, él tenía un amigo llamado Trófimo, que lo acompañó en un viaje de predicación (Hechos 20:3-5, 22; 21:29). Durante el viaje, Trófimo se enfermó. Pero Pablo no lo curó, así que Trófimo ya no pudo seguir acompañándolo (2 Timoteo 4:20). Pablo tenía otro amigo, llamado Epafrodito. La Biblia dice que se enfermó y estuvo a punto de morir, pero no dice que el apóstol lo curara (Filipenses 2:25-27, 30). Como vemos, Pablo y otros cristianos no curaron a todos los cristianos de sus tiempos.

TENGA CUIDADO CON ALGUNOS CONSEJOS

Lucas era médico y acompañó a Pablo en algunos viajes de predicación (Hechos 16:10-12; 20:5, 6; Colosenses 4:14). Quizás lo ayudó a él y a otros cristianos cuando se enfermaron durante esos viajes (Gálatas 4:13). Como dijo Jesús, los que están enfermos necesitan que los ayude un doctor (Lucas 5:31).

Lucas no era solo alguien a quien le gustaba dar consejos para tener buena salud. Él era un médico de verdad. Por eso cuando escribió el libro de Lucas y el de Hechos, usó algunas palabras médicas y escribió sobre algunas curaciones que hizo Jesús. ¿Dónde o cuándo aprendió medicina? La Biblia no lo dice. Pero tal vez fue en una escuela de medicina que había en Laodicea, cerca de la ciudad de Colosas. Quizás por esto Pablo mencionó a Lucas en su carta a los colosenses y les dijo que les enviaba sus saludos.
Hoy día, ningún hermano puede hacer milagros para curarnos. Pero algunos quieren ayudarnos a mejorar la salud y tal vez nos ofrezcan consejos, aunque no los hayamos pedido. Claro, algunos consejos pueden ser buenos. Por ejemplo, Pablo sabía que Timoteo tenía algunos problemas de estómago, tal vez por tomar agua contaminada. Así que le aconsejó que tomara un poco de vino (lea 1 Timoteo 5:23).* (Lea la nota.) Pero debemos tener cuidado con los consejos que nos den. Un hermano quizás intente convencernos de que probemos algún medicamento o remedio natural. O quizás nos diga que debemos o no debemos comer ciertos alimentos. Tal vez nos diga que eso ayudó a algún familiar suyo que tenía un problema parecido. Pero eso no quiere decir que también nos ayudará a nosotros. Un medicamento o tratamiento puede ayudar a muchas personas, pero hacer daño a otras (lea Proverbios 27:12).

SEA PRUDENTE

Todos queremos tener buena salud para disfrutar de la vida y servirle a Jehová. Pero como somos imperfectos, nos enfermamos. Quizás podamos elegir entre varios tratamientos, y tenemos derecho a decidir cuál seguiremos. Pero debemos ser prudentes. Algunas personas o compañías tal vez nos digan que tienen un tratamiento que nos va a curar. Pero puede que lo hagan solo para ganar mucho dinero. Quizás digan que muchas personas lo están usando y que han mejorado. Pero no debemos probar cualquier cosa con tal de sentirnos mejor y vivir más tiempo. Proverbios 14:15 dice que la persona prudente no se cree todo lo que le dicen, sino que piensa bien antes de decidir.

Si somos prudentes, tendremos cuidado con los consejos que recibamos, sobre todo si vienen de alguien que no tiene la capacitación apropiada. Debemos preguntarnos: “¿Estoy seguro de que esa vitamina, dieta o remedio natural ha ayudado a otras personas? Incluso si les ha funcionado a otros, ¿cómo sé que me funcionará a mí? ¿Debería investigar más y consultar a un especialista?” (Deuteronomio 17:6).

También debemos ser prudentes al decidir qué pruebas médicas nos haremos o qué tratamientos seguiremos (Tito 2:12). Es muy importante tener cuidado sobre todo si la prueba o el tratamiento que alguien nos ofrece parece algo extraño. ¿Puede explicarnos con claridad cómo funciona? ¿Hay algo raro o sospechoso en la explicación? ¿Tiene el apoyo de muchos médicos? (Proverbios 22:29.) Puede que alguien nos diga que se ha encontrado una cura en un lugar muy lejano y que muchos médicos todavía no la conocen. Pero ¿hay pruebas de que esa cura de verdad existe? O tal vez hasta nos ofrezca un producto que tenga algún “ingrediente secreto” o alguna fuerza misteriosa. Esto puede ser muy peligroso. Jehová no quiere que usemos magia ni poderes sobrenaturales (Deuteronomio 18:10-12; Isaías 1:13).

“¡BUENA SALUD A USTEDES!”

En tiempos de los primeros cristianos, los hermanos que dirigían la predicación les enviaron una carta a los cristianos para decirles que tenían que evitar ciertas cosas. La carta terminaba con estas palabras: “¡Buena salud a ustedes!” (Hechos 15:29). Es cierto que estas palabras solo eran una forma de despedirse. Pero nos recuerdan que es normal que todos deseemos tener buena salud.


Fuente: http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/402015925?q=enfermos&p=par#h=14


16 de agosto de 2016

¿Debemos orar a Jesús?



HACE un par de años, más de 800 jóvenes de varias religiones rellenaron una encuesta en la que se les preguntó si creían que Jesús escuchaba sus oraciones. Más del 60% respondió que sí, pero uno de ellos tachó de la pregunta el nombre Jesús y escribió “Dios”.

¿Qué piensa usted? ¿A quién debemos orar? ¿A Dios o a Jesús?*Para encontrar la respuesta, veamos lo que les enseñó Jesús a sus discípulos.

¿A QUIÉN DIJO JESÚS QUE DEBEMOS ORAR?

Jesús no solo enseñó que había que orar a Dios, sino que él mismo lo hizo.

Jesús oraba a su Padre. Nosotros debemos hacer lo mismo

LO QUE ENSEÑÓ: En cierta ocasión, uno de los discípulos de Jesús le pidió: “Señor, enséñanos a orar”. La respuesta de Jesús fue: “Cuando oren, digan: ‘Padre’” (Lucas 11:1, 2). Tiempo después, en su famoso Sermón del Monte, dio la instrucción de que debemos orar. Dijo: “Ora a tu Padre”. Luego añadió: “Su Padre sabe qué cosas necesitan ustedes hasta antes que se las pidan” (Mateo 6:6, 8). Y la noche antes de morir les aseguró a sus discípulos: “Si le piden alguna cosa al Padre, él se la dará en mi nombre” (Juan 16:23). Como vemos, vez tras vez, Jesús enseñó que debemos orar a su Padre, Jehová, que también es nuestro Padre (Juan 20:17).

LO QUE HIZO: Jesús mismo oró a Dios: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra” (Lucas 10:21). En otra ocasión “alzó los ojos hacia el cielo y dijo: ‘Padre, te doy gracias porque me has oído’” (Juan 11:41). Además, sus últimas palabras fueron: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46). De modo que él nos puso el ejemplo: hay que orar a Jehová, el “Señor del cielo y de la tierra” (Mateo 11:25; 26:41, 42;1 Juan 2:6). Y eso fue lo que los cristianos del siglo primero hicieron.

¿A QUIÉN ORABAN LOS PRIMEROS CRISTIANOS?

Unas semanas después de que Jesús ascendiera al cielo, sus discípulos ya estaban siendo maltratados por las autoridades (Hechos 4:18). Como era de esperarse, oraron pidiendo ayuda. Pero ¿a quién? “Levantaron la voz de común acuerdo a Dios” para pedirle fuerzas en el nombre de Jesús (Hechos 4:24, 30). Así es, siguieron las instrucciones de Jesús: oraron a Dios.

Años más tarde, el apóstol Pablo escribió: “Damos gracias a Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo siempre que oramos por ustedes” (Colosenses 1:3). Y a sus hermanos les aconsejó que siempre dieran gracias “por todas las cosas a nuestro Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:20) En otra ocasión les dijo que oraran “a Dios el Padre”, claro está, en el nombre de Jesús (Colosenses 3:17).

Tal como los primeros cristianos, debemos seguir las instrucciones de Jesús al hacer oraciones; así le demostramos que lo amamos (Juan 14:15). Un escritor de la Biblia dijo: “Yo amo a mi Dios porque él escucha mis ruegos. Toda mi vida oraré a él” (Salmo 116:1, 2, Traducción en lenguaje actual). Nosotros podremos decir lo mismo si oramos a Jehová, y solamente a él.*



http://m.wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2015007#h=1:0-17:373